Bajo la dirección de Luis de la Fuente —un católico practicante que reza a diario y deposita abiertamente su confianza en DIOS—, esta generación representó a España con unidad, disciplina y valentía a lo largo de todo el torneo.
Una victoria deportiva no santifica a una nación, pero resulta hermoso ver a España —una tierra forjada por santos, catedrales, misioneros y siglos de historia católica— celebrando en el escenario más importante del fútbol.
¡¡¡E N H O R A B U E N A!!!

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